La
huerta orgánica es una forma natural y económica de producir hortalizas sanas
durante todo el año.
Natural: porque imita los procesos de la naturaleza
Económica: porque ahorramos dinero al
producir nuestros alimentos
Sana: porque producimos sin usar productos
químicos
-En una huerta orgánica
trabajamos con procesos que buscan imitar el funcionamiento de la naturaleza.
De esta manera aprovechamos los recursos naturales y favorecemos una producción
sana; libre de agroquímicos y variadas.
Es decir son organismos y microorganismos que trabajan continuamente,
transformando los deshechos en nutrientes para las plantas.
Los nutrientes constituyen el alimento que las
plantas toman del suelo.
En la huerta orgánica aprovechamos y
promovemos la vida del suelo como fuente de nutrientes para nuestra producción.
¿Cómo lo hacemos? Usamos las siguientes técnicas:
El uso de estas técnicas permitirá mantener y
mejorar la fertilidad del suelo y la salud de las plantas de la huerta.
¿Qué
beneficios ambientales produce la agricultura orgánica?
Sostenibilidad a largo plazo. Muchos de los cambios que se han
observado en el medio ambiente son de largo plazo y lentos. La agricultura
orgánica toma en cuenta los efectos a mediano y a largo plazo de las
intervenciones agrícolas en el agroecosistema. Se propone producir alimentos a
la vez que se establece un equilibrio ecológico para proteger la fertilidad del
suelo o evitar problemas de plagas. La agricultura orgánica asume un
planteamiento activo en vez de afrontar los problemas conforme se presenten.
Suelos. En la agricultura orgánica son
fundamentales las prácticas de enriquecimiento de los suelos, como la rotación
de cultivos, los cultivos mixtos, las asociaciones simbióticas, los cultivos de
cubierta, los fertilizantes orgánicos y la labranza mínima, que benefician a la
fauna y la flora del suelo, mejoran la formación de éste y su estructura,
propiciando sistemas más estables. A su vez, se incrementa la circulación de los
nutrientes y la energía, y mejora la capacidad de retención de nutrientes y
agua del suelo, que compensa que se prescinda de fertilizantes minerales. Estas
técnicas de gestión también son importantes para combatir la erosión, se reduce
el lapso de tiempo en que el suelo queda expuesto a ésta, se incrementa la
biodiversidad del suelo y disminuyen las pérdidas de nutrientes, lo que ayuda a
mantener y mejorar la productividad del suelo. La emisión de nutrientes de los
cultivos suele compensarse con los recursos renovables de origen agrícola,
aunque a veces es necesario añadir a los suelos potasio, fosfato, calcio,
magnesio y oligoelementos de procedencia externa.
Agua. En
muchas zonas agrícolas es un gran problema la contaminación de las corrientes
de agua subterráneas con fertilizantes y plaguicidas sintéticos. Como está
prohibido utilizar estas sustancias en la agricultura orgánica, se sustituyen
con fertilizantes orgánicos (por ejemplo: compostas, estiércol animal, abono
verde) y mediante el empleo de una mayor biodiversidad (respecto a las especies
cultivadas y a la vegetación permanente), que mejoran la estructura del suelo y
la filtración del agua. Los sistemas orgánicos bien gestionados, con mejores
capacidades para retener los nutrientes, reducen mucho el peligro de
contaminación del agua subterránea. En algunas zonas donde la contaminación es
un gran problema, se alienta la adopción de la agricultura orgánica como medida
de restablecimiento del medio ambiente (por ejemplo, por los gobiernos de Francia
y Alemania).
Aire. La agricultura
orgánica reduce la utilización de energía no renovable al disminuir la
necesidad de sustancias agroquímicas (cuya producción requiere una gran
cantidad de combustibles fósiles). La agricultura orgánica contribuye a mitigar
el efecto de invernadero y el calentamiento del planeta mediante su capacidad
de retener el carbono en el suelo. Muchas prácticas de gestión utilizadas por
la agricultura orgánica (como la labranza mínima, la devolución de los residuos
de las cosechas al suelo, la utilización de cubiertas vegetales y las
rotaciones, así como la mayor integración de leguminosas que contribuyen a la
fijación del nitrógeno), incrementan la devolución de carbono al suelo, lo que
eleva la productividad y favorece el almacenamiento de carbono.
Biodiversidad. Los
agricultores orgánicos son guardianes de la biodiversidad a la vez que la
utilizan, en todos los niveles. En el plano de los genes, prefieren las
semillas y las variedades tradicionales y adaptadas, por su mayor resistencia a
las enfermedades y a las presiones del clima. En el plano de las especies,
diversas combinaciones de plantas y animales optimizan los ciclos de los
nutrientes y la energía para la producción agrícola. En cuanto al ecosistema,
mantener zonas naturales dentro y alrededor de los campos de cultivo, así como
que no se utilicen insumos químicos, propician un hábitat adecuado para la
flora y la fauna silvestres. La utilización frecuente de especies subutilizadas
(a menudo como cultivos de rotación para restablecer la fertilidad del suelo)
reduce la erosión de la agrobiodiversidad y crea una reserva de genes más sana,
que es la base de la futura adaptación. Al proporcionarse estructuras que
ofrecen alimento y abrigo, y al no utilizarse plaguicidas, se propicia la
llegada de especies nuevas (de tipo permanente o migratorio) o que otras
anteriores vuelvan a colonizar la zona orgánica, especies de flora y de fauna
-como algunas aves- y organismos benéficos para el sistema orgánico, como
polinizadores y depredadores de las plagas.
Autores: C. dS., B. S.



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